Border | Clínica de Adultos (Vázquez - 2017) | Psicología (2022)

“Bordes de la neurosis” (Henrich)

El borderline no se ubica entre la neurosis y la psicosis, sino en el borde de la neurosis. Estos sujetos no pueden disponer de los recursos del significante, en especial del síntoma. No llegan a análisis representados por su síntoma y articulando una pregunta en relación a él. Es más, muchas veces ni siquiera se quejan de algún síntoma. En su lugar, aparecen representaciones que pueden ir desde la enfermedad psicosomática hasta la alucinación, desde el delirio hasta el alcoholismo, desde la anorexia hasta el acting out, pasaje al acto o impulsión.

En estos sujetos hay en común una “falta de confianza en el significante”. No solo no hablan de lo que les pasa sino que tampoco se hacen representar por un síntoma. Hay una llamativa ausencia de formaciones del inconciente.

Hay tres características fundamentales en la clínica de los pacientes borderline:

  • Dificultades en la transferencia: La transferencia nunca termina de instalarse en el análisis de estos pacientes, ya sea porque falta seguido, no tenga nada que contar, abandone el análisis, que no entienda una interpretación o que reniegue de lo que dijo. El sujeto border no tiene confianza en el significante, es decir, en otro que escuche lo que él tiene que decir. No se instala el Sujeto Supuesto Saber. Estos sujetos no pueden llevar a cabo la regla fundamental de la asociación libre. No producen formaciones del inconciente.
  • Trauma infantil no reprimido: Muchos de estos pacientes tienen una particular relación con algún trauma infantil. Este trauma parece no estar reprimido, a diferencia de la histeria, por ejemplo. Sino que tiene aún hoy una actualidad acuciante, como si el tiempo no hubiera transcurrido.
  • Acting out: En algunos cuadros se encuentra la prevalencia del acting out, la impulsión, de la acción, casi como forma de vida.

Lacan se refiere al termino acting out para describir una respuesta que se produce en análisis. Una mostración, un llamado de atención que se realiza al analista, allí donde ha fallado en su función. El acting out podría desembocar en dos salidas posibles, el pasaje al acto (en que la escena mostrada se desgarra y el sujeto se arroja fuera de ella) y la entrada en lo simbólico del análisis. Lacan aclara además que puede haber un acting out fuera del análisis.

Cuando el analista interviene en la realidad, en vez de saber que la única realidad es la realidad psíquica, están dadas las condiciones para provocar en el analizante un acting out. Cuando hay transferencia sin analista que la sostenga, se produce también el acting out. Lacan define al acting out como transferencia sin análisis.

Ante un acting out, el analista está advertido que es una respuesta a una intervención fallida de su parte, entonces debe reconducir el discurso al plano de las formaciones del inconciente, al terreno de lo simbólico. El en acting out el sujeto deja de estar representado por un significante, para estar mostrado por una escena.

En el acting out hay algo que ha sido forcluído de lo simbólico y retorna en lo real de la escena, de la acción. Lacan analiza dos maneras del retorno de lo forcluído: actuado (acting out) o padecido (alucinación). Además dice que podría haber una forclusión que no sea la verwerfung, es decir, la del significante primordial sino otra clase. A esta la llama werfung. Esta forclusión no es irreversible sino que es posible un regreso al terreno simbólico.

Entonces, el acting out sería una mostración, un llamado al Otro, para que vuelva a ocupar su lugar de sostener la palabra cuando no hay nadie que lo sostenga, no tiene sentido hablar, sino que habrá que encontrar otra forma de hacerse representar.

“Fronteras, bordes, límites” (Ulanosky)

Algunos analistas se refieren a los inclasificables, otros consideran que son la mayor parte de la demanda actual. Esto presupone que el buen neurótico, que se debate entre el deseo y la prohibición, cedió parte de su protagonismo a los trastornos narcisistas, dentro de ellos las patologías fronterizas.

La realidad provoca rupturas o desorganiza solo cuando encuentra un terreno fértil. Es decir, un yo con grietas y fallas en su constitución que le impiden defenderse y hacer frente a satisfactoriamente a los vasallajes a los que está sometido. La asunción de la alteridad (yo- no yo), la diferencia sexual y entre la vida y la muerte, son tres límites fundamentales, que ningún sujeto alcanza completamente ni de una vez y para siempre. Sin embargo, un narcisismo aceptablemente configurado, con una matriz base de identificaciones que le den soporte, tiene la plasticidad y los recursos necesarios para reconstituirse; se desequilibra produciendo síntomas, pero sin desorganizarse.

Los analistas prestan atención a las vicisitudes narcisistas de la existencia, de la identidad y autoestima, además de los avatares del deseo. Cada sujeto que consulta porta una organización psíquica particular, productora de síntomas particulares. Las fronteras entre estructuras se desdibujan a la hora de escuchar a un paciente.

Se denomina “fronterizos, borders, límites” aludiendo a su organización psíquica y a las fronteras de la analizabilidad con las que se topa el analista y hasta las cuales ellos acceden. Son sujetos que acarrean un enorme sufrimiento por sentirse inconsistentes, con poco valor, con dudas acerca de su propia existencia e identidad. Desde su infancia han sido privados de un espejo, de una mirada y de un discurso que les devolviera una imagen cohesiva y deseada de sí mismos con la cual identificarse, reconocerse y quererse. Se han visto en la necesidad de sobrevivir y para ello han convocado a sus objetos, entre ellos al analista, anhelando hallar una prótesis de sí mismos, incondicionalidad, sostén y un aparato para pensarse. La sensación de vacío, las depresiones, los desbordes, las impulsiones, la intolerancia, no los definen sino que están enraizados en las fallas primarias de su constitución psíquica. La dependencia a un objeto la viven como una herida contra su integridad narcisista. Incluso muchas veces abandonan el análisis antes de ser abandonados.

Las patologías de borde implican al analista, convocando no solo su saber sino su imaginación, intuición, empatía y funcionamiento mental. El proceso terapéutico se evalúa in situ respecto a cada paciente.

Es frecuente que el paciente border haga uso del discurso como acto, sin tener conciencia de ello. Que el fin sea provocar sensaciones en el analista, para que sienta lo que no pueden sentir o representar, más que el propósito de comunicar contenidos ya que lo que se pone en juego en la sesión ocurre “entre dos objetos más que entre dos personas”.

La realidad los excede, los desorganiza y les provoca intensas angustias, no sólo por la dificultad que encuentran en metabolizar y simbolizar las grandes magnitudes de estímulo, que les provoca un efecto traumático, sino que eso conlleva el no poder hacerse responsable de sus propias acciones y las consecuencias concomitantes que les vuelven como un boomerang.

Son seres que sufren de excesos, tanto del orden interno pulsional, como del afuera. La manera que encuentran de tramitarlos es por medio de descargas en el cuerpo, actuaciones en el afuera y con otros. Los fines de estas impulsiones son diversos, van desde aliviar estados afectivos intolerables hasta castigarse. Presentan dificultad en traducir las cantidades de apremio en significaciones que adjudiquen un sentido a través de metáforas y simbolizaciones. Son sujetos que han tenido fallas primarias en la constituciones de su psiquismo por defecto, de lo que no se inscribió, o por exceso, de lo que no pudo tramitarse adecuadamente, en quienes el proceso secundario de pensamiento se ve interferido por el funcionamiento primario.

El descontrol impulsivo de estos pacientes suele ser crónico, repetitivo y con gran potencial autoagresivo: físico y/o psíquico. Generalmente es vivido como egosintónico durante el episodio mismo, ya sea el alcoholismo, droga, bulimia, sexualidad, etc; Puede convertirse en egodistónico una vez finalizado, al confrontarse con las consecuencias, pudiendo provocar sentimientos de enojo, culpa y vergüenza.

La magnitud de un apremio para el sujeto no depende del valor del mismo sino de las fallas en los mecanismos de metabolización: proceso secundario, una matriz identificatoria de base y la internalización de vínculos objetales sostenedores que los protegen de desorganizarse. Se defienden de un temor a la fragmentación del yo.

El paciente border vive el objeto en función de la satisfacción de sus necesidades. Un rasgo que presentan es la manipulación del otro para intentar dominarlo. En la transferencia esto se repite con diversas técnicas: victimismo, conductas psicopáticas, seducción, etc. Cuando no lo logran pueden aparecer reacciones agresivas. Esto pone a prueba la tolerancia a no “contra-actuar” y la plasticidad del analista para no permitir ser manipulado y así poder dirigir la cura.

En la primera infancia es la madre la encargada de dar sentido al llanto y gestos del bebé. Es en la decodificación de los signos de su bebé y en la codificación que se irán generando y entramando significaciones y sentido con las cuales se identificará el niño en un principio, para luego en su desarrollo poder evaluarlas, cuestionarlas y encontrar las propias. En los pacientes con organización psíquica border, él yo no ha podido internalizar dichas funciones. Han quedado a expensas de la intensidad de los estímulos sin mediación satisfactoria. Se requiere de parte de la madre de un “deseo de ser madre de ese hijo”, de poder identificarse con su bebé en su sentir y en sus posibilidades de aprehender los signos que recibe, de una capacidad de empatía, de contención, de tolerancia a la frustración, a la demora, a la alteridad. Estas capacidades pueden fallar en madres que están sumidas en duelos de difícil elaboración, traumatismos o fallas en su propia narcisización. De todos modos, hay madres que están presentes en cuerpo y ausentes en alma. La importancia del “otro” en la constitución psíquica de un sujeto es crucial. Es “en y por” la trama intersubjetiva que un sujeto adviene.

El paciente border siente que está amenazada su existencia psíquica. La angustia no puede ser procesada como señal sino que se vive como amenaza de aniquilación y no logra ser canalizada. Hay en estos pacientes una escisión entre lo psíquico y lo somático que los protege contra la destrucción absoluta pero les impide el libre funcionamiento de la simbolización, la creatividad y la imaginación. Se instala el vacío. Parte de su actuación es para paliar esto. Anhelarían experimentar emociones genuinas pero no las toleran. Poseen una insatisfacción permanente, frustración constante. Sus objetivos son inalcanzables y si los alcanzan pierden valor inmediatamente. Sus logros no son vividos como propios, los invade una sensación de extrañeza. Buscan placer constantemente para evitar el displacer.

La transferencia es masiva. Un tema delicado es que estos pacientes pueden presentar el síndrome de difusión de la identidad. Sus valores y opiniones pueden mimetizarse con los que los rodean. En la relación terapéutica las intervenciones pueden ser vividas como órdenes, por ende su formulación debe ser cuidadosa, intentando no aseverar ya que tienden a darle un carácter de certeza al discurso del otro. La transferencia suele ser caótica y masiva, mostrando una alternancia entre idealización y devaluación. Puede también darse una transferencia erótica.

En relación a la contratransferencia, estos pacientes pueden despertar sentimientos de enojo, impotencia, frustración, hostiles, como así sentimientos de rescate y salvación que pueden llevar a una sobre involucración y ruptura del encuadre psicoterapéutico. Es vital analizar la contratransferencia para prevenir el acting-out del analista.

En un primer tiempo del proceso analítico de estos pacientes no funciona la asociación libre ni la atención parejamente flotante. Esto puede tornarse resistencial para el analista intentando forzar situaciones. El analista debe tener un yo armado, que tolere los embates pulsionales para poder afrontar estos pacientes. El trabajo analítico consistirá en ir construyendo una relación objetal “posible” diferente, un cambio en la organización psíquica, a través y por el vínculo. Si el analista interpreta demasiado rápido intentando llenar el vacío puede ser confundido con la intrusión del objeto malo. Si queda en silencio, repite la inaccesibilidad del objeto anhelado y frustrante.

El diagnóstico de estos pacientes no es fácil, salvo en casos de extrema gravedad. El paciente border presenta una sintomatología polineurótica y puede esconderse. Puedenpresentar fobias en especial referidas al cuerpo y a la percepción del sujeto por el otro, la relación con el objeto está sometida a la regulación con la distancia a través de mecanismos agora y claustrofóbicos que los pueden invalidar socialmente. Además pueden presentar síntomas obsesivo-compulsivos que se vuelven sintónicos con el yo. Además conversiones asociadas a manipulación. Preocupación invasora en forma de temores hipocondríacos. Pese a presentar síntomas neuróticos las defensas son más primarias: escisión e idealización. Además de negación e identificaciones proyectivas.

Los border se diferencian de la psicosis en que no está comprometido el juicio de realidad ni inventan una lengua personal como es la del delirio.

Lo que sostiene el tratamiento es la presencia del terapeuta-objeto como forma de crear una nueva modalidad vincular, que permita lograr una mayor confianza en el otro y en sí mismo. El analista regala representaciones-contenido al mismo tiempo que ofrece un lugar-continente para albergarlas. La demanda tiene que ver con que el analista hable por él y se funda en él.

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Last Updated: 01/04/2023

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